La campaña de vacunación contra la COVID-19 supera las diferencias culturales y aumenta la aceptación de las vacunas.
El miedo a la vacuna contra la COVID-19 se instaló en los pueblos indígenas Yuqui, Yuracaré y Moxeño, que viven en los bosques tropicales del departamento de Cochabamba, en el centro de Bolivia. La Organización Panamericana de la Salud (OPS), con el apoyo del Gobierno de Canadá, ha cooperado con las autoridades locales para comprender las percepciones de las comunidades indígenas sobre las vacunas y llevar esta protección a los poblados más remotos. Villa Tunari, en el departamento de Cochabamba, es una localidad ubicada a 160 kilómetros al noreste de la capital de esa zona del país, sobre la carretera que conduce a Santa Cruz de la Sierra (este de Bolivia). Al estar situada en la Provincia del Chapare, en pleno bosque tropical, su clima es lluvioso y cálido, con temperaturas superiores a los 35° en el verano. La Provincia del Chapare es una de las 16 provincias que forman el departamento de Cochabamba en Bolivia. Su geografía incluye serranías y una variedad de ríos que para los turistas resultan ser grandes atractivos, pero que para los brigadistas de salud fueron toda una complicación cuando se iniciaron los esfuerzos para distribuir rápidamente las vacunas contra la COVID-19. En marzo de 2021, el avance de la pandemia en todo el mundo parecía difícil de contener. El miedo al contagio, la desinformación y la esperanza de la vacuna convivieron en todos los rincones del planeta. Las comunidades indígenas del chapare cochabambino no estuvieron al margen de la situación y, a pesar de estar en zonas apartadas de los centros urbanos, vivieron el avance del virus entre el escepticismo y el temor. Gracias al trabajo y al esfuerzo logístico que llevó adelante el personal de salud local, las vacunas también llegaron a las comunidades indígenas, y con ellas la esperanza de una nueva etapa. La Red Indígena de Salud XIV comprende 17 establecimientos de salud del área indígena de Villa Tunari, Chimoré y Puerto Villarroel, y tiene como objetivo gestionar medicamentos y atención médica en 67 comunidades indígenas. Su labor permitió contener el virus e inmunizar a las comunidades de origen yuracaré, moxeño y yuqui, entre otras. Keila Ávila, médica responsable de la coordinación de la Red Indígena de Salud XIV, y el equipo con el que trabaja en Villa Tunari, superaron infinidad de obstáculos para llegar con las vacunas a los lugares más inaccesibles del país. Ávila es médica en Salud Familiar Comunitaria Intercultural (SAFCI) y su rol fue clave en las jornadas previas a la vacunación y durante el proceso. La Red Indígena de Salud contó con el apoyo y la cooperación técnica de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para capacitar al personal de los centros de atención primaria y de los centros médicos de las comunidades. Asimismo, se realizaron talleres informativos con el objetivo de combatir el miedo a la inmunización y sensibilizar a las autoridades indígenas. En estos encuentros, se compartieron videos en los idiomas nativos de la zona (yuracaré, moxeño-trinitario y yuqui) y folletería. Como parte de esta estrategia, entre junio y noviembre de 2022 la OPS lideró una investigación de campo para indagar sobre los conocimientos, actitudes y prácticas de las comunidades indígenas respecto a la vacunación contra la COVID-19. La investigación se desarrolló en 12 comunidades indígenas de los pueblos Yuqui, Yuracaré y Moxeñas del trópico de Cochabamba y en 12 comunidades indígenas guaraní del Chaco boliviano. “El proceso de investigación incorporó facilitadores indígenas para establecer un acercamiento respetuoso y una relación de confianza con la comunidad”, explicó Ely Linares, coordinadora de la investigación. El estudio ayudará a definir nuevas estrategias de comunicación que mejoren la cobertura de vacunación en esta zona y disminuyan el riesgo de enfermedad de la población indígena.







